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Marcos Marin
Escrito por anuncia1   
Viernes, 20 de Febrero de 2015 01:00

La Edición 2014 del DRAE  

Por Marcos Marín Amezcua

El 16 de octubre de 2014 se puso a la venta en las estanterías mexicanas la nueva edición en papel y a dos tomos, del Diccionario de la Lengua Española (DRAE) que lleva el tricentenario sello de la Real Academia de la Lengua, editándolo en consonancia y estrecha colaboración con la destacadísima Asociación de Academias de la Lengua Española y que aparece en su esperadísima vigésimo tercera edición, que sustituye a la de 2001. Ha sido un derroche de distribución de apremiante velocidad para coincidir en la fecha con España, pese a que el precio no es tan asequible y es preciso decirlo: habrá que romper el cochinito, la hucha, el marranito, el chanchito, la alcancía. Ni hablar.
Si en España se publicó a un tomo, en América va a dos en rústica, que reluce en su prominente tamaño, que lo hace mucho más manejable. De entrada, me agrada cómo ha enlistado a los académicos, distinguiendo y enunciando a los ya ausentes.
Editado por primera vez en 1780 y elaborado hogaño con el concurso de las demás academias que reconocen la primogenitura de la tricentenaria RAE, es un gran acontecimiento para todos los hablantes de nuestra lengua. Fiel a su cita, la Real Academia lo publica reuniendo varios hitos que merecen citarse. Ya tiempo atrás se puede consultar en línea, mas nunca será lo mismo que poderse pasear por sus páginas encontrando o no, la palabra buscada y aprendiendo de pasada las siguientes, cosa que no nos permite la fría y eficaz versión digital, si no es por listados aleatorios, vale mencionarlo.
Y me detengo en algunas cifras que he leído al darle seguimiento a la presentación del ejemplar, efectuada en Madrid. Contiene el DRAE 2014 a cinco mil palabras nuevas con 140 mil retoques, como nos lo informaba El Imparcial, además de sus 195,439 acepciones y casi 19 mil americanismos, el mayor de los aportes a esta nueva edición. Me altera leer sí, que la edición de 2014 ha eliminado 1350 referentes. Como ha sucedido con las ediciones anteriores. A este paso, rasuraremos la memoria del idioma si no se concreta ya el diccionario histórico que las contenga –suponiendo que así será, si digamos, solo cambiaran los vocablos de escenario– pues el idioma común merece no perder un sinnúmero de palabras estupendas que lo engalanan y son parte de su riquísima esencia. Yo en cambio, los habría dejado en el actual diccionario, a los más señalándolos como arcaísmos si eso tranquilizara a los académicos de ambas orillas del charco, toda vez que se trata de sumar, no de restar, puesto que está en los hablantes echar a andar palabras antiguas si apetece, para que reluzcan como lo modernas que pueden serlo, nuevamente. Me parece.
Pues bien ¿tenemos un diccionario más incluyente y menos sexista? Eso parece.  ¿Contamos al fin con uno que abarque las mas posibles de las palabras que conforman nuestro idioma? No, aún no. Sigo con la idea de que nuestro diccionario, el que nos une y nos suma a todos los hablantes del idioma castellano, español para más señas, al obedecer a su universalidad, debería de incluir todos los vocablos, todas las conjugaciones verbales, incluso. ¿Se dice y cómo se dice en español? debería de ser la consigna de admisión. Si ha ido mudando el criterio de añadidura, como que la lengua está viva y evoluciona, ergo sí es posible adoptar el que refiero. Las academias han de ser más incluyentes. No podemos quedarnos solo con las palabras sueltas o cotidianas. El idioma es basto. Debería darse el paso siguiente. No se olvide que el ejemplar que ahora nace, es un referente también para los no hispanohablantes. La importancia y difusión de nuestro idioma es un excelente e insalvable motivo para replantear el criterio de inclusión de vocablos. Y aun existiendo un español estándar, su viveza regionalista es real e insuperable.
Las notas referentes a la presentación del DRAE, explicaron que esta edición incluye nuevos vocablos, la mayoría provenientes de América, por lo cual resulta sumamente trascendente. Enhorabuena. La presencia de más vocablos del continente americano, que alberga al mayor número de hablantes de la lengua cervantina y que corre a su propio ritmo, y donde a criterio de los eminentísimos Fernando Lázaro Carreter y Víctor García de la Concha, anteriores directores de la RAE, es allí en donde está el futuro del idioma –con una especial referencia a los Estados Unidos de América– hace ineludible y asaz apremiante el reconocimiento a la universalidad y diversidad innegable del español y adelanta que los académicos del Nuevo Mundo se han aplicado en sus arduas labores de aportación, que no es cosa nimia; y que la Academia española ha consensuado y aceptado su ejercicio, así sea con la atenuante de establecerse que un americanismo se utilice en al menos tres países para ser incorporado al DRAE, pese a que los españolismos incorporados pueden ser y son estrictamente locales. Destaquémoslo. No estaría de más saber cómo y cuáles han sido las aportaciones de cada una de las academias americanas.
En consecuencia, lo reitero: quien estudie y enseñe español como segunda lengua, requiere tener contacto con el idioma hablado al otro lado del Atlántico, en América. No puede quedarse solo en el uso peninsular. Y eso continúa sucediendo, para desgracia del conocimiento y reconocimiento del idioma mismo, del idioma común.
Como hace tiempo que el DRAE está en línea, puede parecernos que la edición 2014 adelanta muy pocas sorpresas. Empero, enciende debates. Al nuevo diccionario hay que verlo como lo que es: como una herramienta. Un apoyo que puede ser perfectible en todo tiempo, como toda obra humana, y que está siéndolo. Ya no es menester aguardar a la siguiente edición merced a sus actualizaciones en línea. Merecería admitir nuevos criterios recopilatorios.
Desde luego que la polémica pasa por saber sus palabras novedosas y de si merecen o no añadirse. Si por América entran amigovio y papichulo, por España se incorpora milieurista y okupar. La primera la tilda como españolismo y la segunda como transgresora de la norma ortográfica. Que no está mal.  Algunos pegan el grito en el cielo porque se acepta tuit. Pues bien, tuit sigue el mismo camino que anduvieron buró o riel, béisbol y escáner. No nos torturemos, desmemoriados. Se castellanizó. ¿Qué prefieren? ¿escribir el horroroso twit? ¡XD! (sí, ¡por Dios!). Pongámonos de acuerdo, entonces. Admitieron jonrón y tanguear, que me parece magnífico. Que no nos olvidemos de que toda palabra prevalece si es la que resuelve una duda y llena un vacío y aporta delineando una idea, un espacio, materializándolo. La palabra es el alma de las ideas. Y antetodo, es la que los hablantes consolidan, consagran y ultimadamente, utilizan. Que no se nos olvide. El idioma está vivo, lo nutrimos entre todos y por consecuencia, ameritan ser sumadas a la docta obra que nos congrega.
Termino. Sabemos que Felipe V cobijó la fundación de la RAE. Y que el rey Felipe VI ha seguido de cerca estos trabajos de edición. Es una estupenda manera de honrar una labor de tres siglos, que augura una feliz continuidad.
Solo me resta congratularme, felicitar a los académicos que han confeccionado esta obra, desearle los mejores éxitos y mis más sentidos parabienes y el desear que a todos nos enorgullezca y nos sirva tan ingente tarea recopilatoria. Bienvenida la edición 2014 del DRAE, de tricentenario festejo.
 
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