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Marcos Marin
Escrito por anuncia1   
Martes, 24 de Febrero de 2015 01:00

Ucrania y Rusia  

Por Marcos Marín Amezcua

2014 será un año para recordar que una potencia como Rusia se anexó a la mala y con absoluta impunidad,  una península siempre codiciada: Crimea. La arrebató a  Ucrania.
¿Qué importancia tiene tan peculiar territorio? La Historia nos da las respuestas.
Rusia lleva desde los tiempos de Pedro el Grande clamando por ser europea. Ha buscado occidentalizarse y convencer a sus vecinos europeos acerca de que ella, la Santa Rusia, también lo es. Europa siempre fue recelosa de tales pretensiones y ninguneó los derechos y aspiraciones rusas. Una frase resulta elocuente al describir, así sea de manera estereotipada y con rebosante cliché, a las potencias del viejo continente: “España, la católica. Inglaterra la protestante. Alemania la luterana y Rusia la semioriental…”.Porque no bastaba ser europea, es que su porte no lo era y no convencía a Europa de ser una más de sus hijas.
Rusia se expandió hacia el Báltico y hacia el estratégico Mar Negro a finales del siglo XVII. Tras la batalla de Azov contra los turcos, en 1696, Rusia alcanzó las costas del referido mar, con lo cual podría comerciar ahora con el Mediterráneo, en la medida en que el Imperio Otomano se lo permitiera. Rusia siempre deseó tener un pie metido en la ruta del Mediterráneo, buscando el libre paso entre aquel y el Mar Negro, pues el Mediterráneo terminó siendo la ruta adecuada para llegar a las Indias y a las riquezas de Oriente. Rusia sabía bien de la vía del Mediterráneo y comprendió que el camino para alcanzar esa estratégica ruta pasaba por  conquistar las costas del Mar Negro, posicionar allí una flota de guerra que defendiera el camino al Mediterráneo y asegurarse esa salida, para después navegar con mayor holgura en el Mediterráneo. La península de Crimea se atravesaba en esos planes.
El Imperio Otomano poseía la península crimea e hizo todo para retenerla, al grado que mientras Rusia se abalanzaba sobre el Cáucaso o Asia central, no conquistó Crimea, que la retuvieron los turcos. Al intento ruso de conquistarla en la famosa guerra homónima (1853-56) Gran Bretaña y Francia decidieron apoyar a los turcos, con tal de que los usos no metieran un pie en el Mediterráneo –por lo explicado en el párrafo anterior– interfiriendo en la cada vez más estratégica ruta de Gran Bretaña hacia sus colonias en India. Al final, la paz de París atribuyó Crimea a Rusia, pero le impidió colocar una flota de guerra, como eran las añejas pretensiones rusas. La anexó a su territorio, sin más.
Tras la Primera Guerra Mundial, y la revolución bolchevique, Rusia empezó a conformar su plan de colocar una flota de guerra allí. La Unión Soviética, conformada entre otras 15 repúblicas por Rusia y Ucrania, dispuso tras la Segunda Guerra Mundial, que Crimea con la flota rusa, pasara a jurisdicción de Ucrania. Así le concedía una suerte de unidad territorial a Ucrania. Y generó quizás la desmemoria de que Crimea hasta entonces, solo había sido de Rusia.
Sumemos un elemento primordial que sería significativo con el paso del tiempo: desde la época zarista y señaladamente en la etapa soviética, Crimea fue un magnífico centro de veraneo. Su clima mucho más benigno, sirvió para que los ciudadanos del paraíso del proletariado obtuvieran vacaciones en esa región. Y el régimen soviético siempre explotó esas bondades, desde luego.
Cuando se desintegró la Unión Soviética, Rusia y Ucrania negociaron que Crimea fuera ucraniana, pero Rusia mantendría una flota de guerra. Como puede verse, las aspiraciones rusas han sido la constante.
Cuando en febrero de 2014 y en los meses subsecuentes vimos el despojo de Crimea a Ucrania por parte de Rusia, los reclamos dentro y fuera de ese país poco lograron. No se pierda de vista que Crimea era un territorio de mayoría étnica rusa. Ucrania desde su separación de la Unión Soviética, no se alió a tiempo ni a la Unión Europea ni a la OTAN para contrarrestar el poderío ruso y en 2015 tal indecisión le ha pasado factura. Hemos visto como entre EE.UU., la UE y Rusia deciden el destino de Crimea y las fronteras ucranianas se reducen frente a los empujes rusos. Solo podemos constatar que la Historia nuevamente se pronuncia. Ucrania quizás no sea el motivo de una guerra abierta, pero sin duda causa aparente de que pueda suceder, sí que lo es.  Y parece destinada a poner al mundo en vilo.
 
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