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Marcos Marin
Escrito por anuncia1   
Viernes, 27 de Marzo de 2015 01:00

Nuevo año jubilar. El sello de Francisco   

Por Marcos Marín Amezcua

Amerita efectuar sin más tardanza una pronta lectura del llamado que el Papa Francisco ha efectuado en Roma el viernes 13 de marzo de 2015, convocando con firmeza un Año Santo Extraordinario denominado Jubileo de la Misericordia. Grande nos resulta este pontífice que arrea con fuerza y no se arredra. Insiste siempre en que quiere abajarse y es quien pone el ejemplo. Disgusta a muchos que lo haga, pero nos agrada a muchísimos más el constatar que practica lo que predica.
Convocar, casi emplazar a los creyentes a un año jubilar de la Misericordia, que marcará el cincuentenario de la conclusión de los trabajos del Concilio Vaticano II, el que condujo a la Iglesia católica a la modernidad, es un acontecimiento que no puede pasar indiferente por la profundidad de la intención y del mensaje que anuncia aclamando la misericordia como instrumento de reafirmación en la fe, sirviendo a través de ella para redescubrir los alcances del ser cristiano revestido de catolicismo. Resulta oportuno y afanoso ponderarlo, al tiempo que sugiere ser incluyente y reclamante.
Los entendidos expresan que a este pontífice le agrada el concepto de la misericordia, al que concede especial importancia. No es para menos. El DRAE define a la misericordia como:
(Del lat. misericordĭa).
1.f.Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos. 2.f.Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie.3.f.Puñal con que solían ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo.4.f.Rel.Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.5.f.p. us.Porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna.
Recordemos que se describe al sucesor de Pedro se como quien posee dos llaves: una para conocer y otra para definir. Francisco ha delineado que desea que estas palabras cobren mayor sentido. El jubileo es una espléndida ocasión.
Así pues, marcando su segundo aniversario al frente del pontificado, el Papa Francisco ha convocado un nuevo año jubilar que, ya se sabe, de la Iglesia es una magna tradición poseedora de profundas raíces bíblicas. Un año de gracia extraordinario es bien recibido en medio de tantas congojas y amarguras que el mundo moderno depara a la Humanidad día con día, o, sí se quiere, arriba en medio de las tribulaciones de una asfixiante inmediatez que todo lo trivializa y que apresura atropelladamente a todo y a todos, con lo cual no puede pasar desapercibido a creyentes y no creyentes. Al enterarme de este magnífico suceso, he pensado en los cristianos de Oriente Próximo expuestos al odio perseguidos y martirizados en un verdadero crimen de lesa humanidad. Descuella la respuesta de este romano pontífice ante tanta desgraciadez de parte de tanto inicuo que atenta impune contra todos los cristianos.
Que para eso me ha gustado Su Santidad: para clamar por hacer un alto en el camino, más no solo contemplativo y reflexivo, sino, antes bien, actuante, reivindicador, clamoroso y con fines muy puntuales, porque el año jubilar que convoca no promete ser estrictamente de solemnidades, sino que mueve a definirlo como militante, interactivo e incluyente, que, después de todo, los años jubilares deberían de serlo para creyentes y no creyentes. Un año de gracia no es cualquier cosa. Cabe recibirlo con un enhorabuena sincero.
Ahora bien, considerando que desde el Gran Jubileo del año 2000 la Iglesia católica no había convocado a un año jubilar, y a uno extraordinario como el convocado desde 1983 –que dejó la Puerta Santa sin tapiar como luce hasta hoy, cerrada eso sí aguardando su solemnísima apertura hasta cristalizar así el deseo de Francisco– la ocasión es importante al tratarse del primer jubileo del milenio, convocado por un papa de origen latinoamericano y de formación jesuita. Sumemos que apela a redimensionar a la Iglesia.
Uno pensaría que el talante de Francisco acaso no daría para tan audaz medida, pues piénsese que apenas lleva dos años como pontífice y preceden meses de debates en torno a la necesaria reforma de la Iglesia. Pues hete aquí que nos vuelve a sorprender asumiendo ese liderazgo que supone que el romano pontífice encabece semejante tarea y además, con la premura que supone apenas contar con unos cuantos meses por delante para preparar a la Iglesia para su inicio el 8 de diciembre de 2015, día de la Inmaculada.
Llaman la atención los extremos escogidos para este próximo año jubilar extraordinario. Iniciaría en la festividad de la Inmaculada Concepción y concluiría el día de la celebración de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que supone ser una suerte de alfa y omega en la vida terrenal del Mesías. Es decir, desde su encarnación hasta el Cristo triunfante, como lo entiendo. Y en todo ello la misericordia de su obra irradiada al mundo.
Sepa el lector que recién el papa Francisco ha concedido una entrevista en español a la periodista mexicana Valentina Alazraki, corresponsal de Grupo Televisa en Roma desde hace casi 40 años (desde el pontificado de Pablo VI). Advierto de ella tres cosas: que el Papa piensa que podría presidir un pontificado breve y que incluso, considera plantearse una renuncia por edad para lo que está preparado. Y que si bien del sínodo de la familia hay altas expectativas en sus resultados, más de las posibles deseables, espera medidas de un corte mesurado. Y en ese contexto el Papa convoca a un año jubilar que se apoya en la misericordia, vocablo visible ya desde el lema de su pontificado: Misericordia atque eligendo (“Lo miró con Misericordia y lo eligió [o “amándolo, lo eligió”]) y que lo difundirá justo el día de la Divina Misericordia, el segundo domingo de Pascua –otrora domingo de Cuasimodo–. A mí me parece sugerente como un acto de reafirmación en momentos desventurados.Francisco alza un clamor audible, de estrepitoso fragor, punzante al tiempo que testimonial y fortificador, como si se tratara de un llamado atendible y esperanzador que nos compete a todos. Y sin lugar a dudas que lo es.
 
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