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Marcos Marin
Escrito por anuncia1   
Martes, 08 de Diciembre de 2015 01:00

El Año Santo Extraordinario

Por Marcos Marín Amezcua

Tras un anuncio previo, el papa Francisco convocó el 11 de abril de 2015 a celebrar un año jubilar extraordinario. Este Jubileo Extraordinario de la Misericordia fue emplazado en el pontificio documento titulado Misericordiae vultus. Corre del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.
Fue divulgada la bula que lo convoca al pie de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro –símbolo universal de la cabeza de la Iglesia– en presencia de los arciprestes de las basílicas mayores de Roma. Tan singular llamado no se verificaba desde 1983, cuando (San) Juan Pablo II hizo lo propio, convocando un Año Santo extraordinario, y es el primer año jubilar desde el verificado de ordinario en el año 2000, cuando fue celebrado el Gran Jubileo con toda pompa y cuidando hasta el último detalle, con motivo del 2000 aniversario de la Natividad del Señor.
Así, en el lapso señalado por el Sumo Pontífice romano, la indulgencia plenaria será alcanzable para los fieles que cumplan los preceptos de la convocatoria pontificia y desde luego, se ciñan a las intenciones del máximo jerarca de la iglesia Católica.
La feliz ocasión permite recordarnos qué es un Jubileo, a qué tradición responde y cómo han sido los celebrados por la Iglesia. Gracias a ello, comprenderemos mejor su alcance y su significado. Es una práctica de luenga tradición eclesiástica, revestida de la solemnidad y la trascendencia que busca hacer un alto en el camino, revistiendo de la fe nuestra reflexión provocada por esa pausa. Un año jubilar no es una práctica menor en el seno de la Iglesia.
Sépase que un jubileo acrisola usanzas de profundo origen bíblico sumando solera. Sus símbolos visibles abarcan desde el corno de carnero que lo anuncia atendiendo a su convocatoria, que llama al recogimiento esperanzador de la nueva nueva y lo exalta, o el peregrinaje o cruzar la Puerta Santa, traspaso a una nueva vida de gracia –paso de una forma de vida a otra–o la celebración de una misa jubilar y la confirmación de la fe que apunta a muy altos valores e intenciones por el sufragio de los fieles para alcanzar la gracia.  Su práctica involucra a todos los peregrinos. Ganar el jubileo es ganar el camino salvífico, en un momento de arrepentimiento de perdón. Obedeciendo sus lineamientos siemre es una ocasión propicia para enmendar, purificarse y reemprender el camino de la fe. Es una pausa que nos aproxima a la Divinidad desde nuestra condición humana. Es agradecimiento y gozo.
Si el jubileo es una tradición bíblica que responde al deseo de la enmienda de la conducta en un solaz recogimiento, producto de una pausa necesaria en el camino, se invocaba cada siete años. Entoces se convocaba al recogimiento, la pausa y la reflexión abonando todo a la salvación de las almas. Es penitencia también estamos, en pos de ganarlo, porque de cualqueir forma implica también alegría ante la fe renovada.
Se atribuye al papa Bonifacio VIII la renovación del jubileo para la Iglesia, dictado para el año 1300 por una simple idea de un cambio de siglo, y lo dispuso a celebrarse cada cien años. La notable respuesta de los peregrinos condujo a decretarlo de manera ordinaria cada 50 años –como en su origen bíblico, tras 7 años sabáticos (cada siete años)– y finalmente, cada 25 años, costumbre que ha prevalecido hatsa hoy. De allí la peculiaridad de los años santos extraordinarios, como el que nos ocupa.
El Jubileo de luenga tradición bíblica responde a diversas fuentes relacionadas con la liberación de esclavos, el pago y el perdón de deudas, el descanso y ello ocnllevó alareflexión salvífica. (per ejemplo, Lv 25.8–55; 27.17–24; Ez 46.17).
De las últimas dos centurias, destacan los jubileos de 1825, de una solemnidad tal, que impresionó bajo el reinado de León XII, al niño que sería León XIII al presenciarlo, quien marcó de manera singulargunas otras manifrestaciones tptopias de este etapa jubilar, son simbolismo puto, l traspadso del <pUerta Santa que al epregrinoísima el jubileo de 1900. Se recuerda el extraordinario empredido en 1933-34 marcando 1900 años de la Crusifixión y el de 1950 encabezado por Pío XII, marcando la mitad del siglo XX. Pablo VI intentó revestir de cierta modernidad el celebrado en 1975 siguiendo el espíritu del Concilio y Juan Pablo II destapió de forma permanente la Puerta Santa por primera vez en siglos,  en el convocado en 1983-84.
Para cerrar esta crónica recordemos gozosos que Juan Pablo II encabezó el trascendental Año Santo de 2000, ecuménico y universal con el Gran Jubileo. Lo convocó la carta apostólica Tertio Milllennio Adveniente. El actual invocando la Misericordia, viene muy oportuno, en un año de odios y rencillas, del desprecio por la vida humana y una necesaria contrición. Ante tanto menosprecio por la vida humana que aflora de manera tan grotesca, plantemos cara al amparo del Año Santo. La oportunidad de brindar respeto y consideración resulta imperdible.
 
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