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Mauricio Melgar Alvarez
Viernes, 15 de Febrero de 2013 09:00

La Strada
(El camino)

 Mauricio Melgar Álvarez
 
Epistemología amorosa

Escrito para ti en la madrugada,
tras una semana de dudas,
ilusión, confusión y certezas a medias,
de vacilaciones, de exámenes y de amor.
 
¿Quién puede hacer filosofía mientras piensa en ti?
Ya quedaron atrás la selección natural y su relación con la mente; la experiencia sensible como única como vía de conocimiento y la falsabilidad. Hoy, a esta hora, sólo puedo pensar en ti. El pensamiento es el único modo de acercarme a la verdad que representas...
Me reconozco trágicamente racionalista pero confieso que prendería fuego a todos mis esquemas nomológicos, a mi intelecto entero, a cambio de la experiencia de un beso tuyo, de una mirada que pudiera embolsarme en la camisa cuando tú no estés para acariciar mi pecho.
Sólo veo tus ojos ajenos que miran desde una foto digital, una en la que pareces huir de la infancia tras la mujer inasible que eres hoy. Pienso en ti y pregunto dónde estás... Sé bien que toda pregunta encierra en sí una anticipación de la respuesta:
Sé que no estás conmigo y tengo un buen número de creencias justificadas para pensar que estás con él. Entonces, desaparece mi optimismo y dejo de creer que «Dios ha creado el mejor de los mundos posibles». No es así, al menos no para mí.
Me doy cuenta de que el propósito final al que parece servir un órgano como el ojo puede ser sólo aparente: hasta hace pocos días me deleitaba con la dulce certeza, mínima pero certeza al fin, de haber captado que todo mi ser había sido hecho para ti; que por eso la teleología de mis órganos visuales era encontrarse con los tuyos de frente, fijamente. Tenía yo la creencia de que en tu mirada estos ojos míos encontrarían su modo de realización más plena.
Pero bien sé ya que las teorías no son nunca verificables empíricamente, no debo adoptar pues, un principio de demarcación, que distinga entre amor y pseudoamor, basado en el criterio de la verificabilidad; no exigiré que un amor pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo, es decir, susceptible de falsación...
Así pues, aunque el modelo teórico que yo asumía como válido para justificar la creencia de que el propósito de mis ojos era perderse sin remedio en tu mirada, lo cierto es que la experiencia puede refutar, y de hecho lo hace, mi sistema amoroso: he descubierto que mis ojos, privados de ti, sólo sirven para llorar.
He descubierto que esta noche más me valdría cerrarlos, dejar de mirar tu foto y dormir... Dormir y esperar a mañana para que mis ideas y mis juicios y mi discurso, vertidos en papel, intenten abrazarte en lo abstracto mientras alguien más recibe tu calor en la piel.
¡Amanecio!
No pienses que reclamo tu ausencia, no reclamo que estés con alguien más, sé bien que el amor es inconmensurable como un paradigma donde sólo caben dos... Sólo espero que con el tiempo, alguna revolución me favorezca y el acaso te traiga junto a mí.
Si el amor es como las teorías científicas no puede, no debe, validarse en positivo... El amor sólo se hace auténtico cuando enfrenta circunstancias adversas, cuando se descubre su falsabilidad, cuando se aprecia que no es perfecto, que no tiene todas las respuestas, que puede fallar...
El amor no crece exponencialmente, no avanza de modo lineal, no evoluciona, al menos no progresivamente... El amor cambia la forma de mirar y entender el mundo, el mismo mundo se ve de distinto modo, según con quien se comparta. Uno muda el conjunto de creencias, valores y técnicas compartidas en una comunidad amorosa, cuando las explicaciones sobre el mundo que ofrece el anterior paradigma ya no son satisfactorias...
Mudar de paradigma amoroso constituye un cambio tan grande que el anterior no es comparable con el nuevo, incluso las palabras que se usan son distintas; las miradas, la percepción de los objetos y hasta la interioridad se vuelve otra, única. En ello radica su inconmensurabilidad.
Sabes, ayer comencé a escribir al llegar a casa y quería verte, hablarte y escucharte, traía la cabeza revuelta y hora tras hora, yo no dejaba de pensar en ti.
La filosofía busca la verdad... Hoy me he dado cuenta de que ya no tiene sentido para mí, pues la única verdad es que te quiero, te quiero aunque nuestras vidas, nuestro tiempo y nuestros corazones sean inconmensurables...
 
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