Vacaciones y tiempo libre Imprimir
Alberto Ross
Escrito por Administrator   
Martes, 01 de Julio de 2014 10:39
Acentos

Vacaciones y tiempo libre 


Alberto Ross
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Muchas veces, lo ordinario y lo cotidiano pasan frente a nosotros sin que hagamos una pausa para admirarnos y reflexionar sobre los pequeños detalles. Uno podría reparar, por ejemplo, en que si uno tiene la dicha de dormir ocho horas diarias, ello implica que estamos dormidos la tercera parte del día. No es un dato despreciable, pues si lo proyectamos diacrónicamente, nos encontramos con que las personas que vivan treinta años, pasarán dormidas unos diez. Pero si viven sesenta, dormirán unos veinte y si viven noventa, unos treinta —lo que equivale a la vida entera de los primeros —. Por tanto, uno solamente está despierto y consciente las dos terceras partes de su existencia.
Ahí no terminan los datos curiosos sobre nuestra existencia. Si nos sumergimos en la misma reflexión, encontraremos que de las dos terceras partes de nuestra vida que vivimos despiertos (dieciséis horas diarias aproximadamente), tenemos que pasar ocho horas estudiando o trabajando. Si a una persona no le gusta lo que estudia o no es feliz en su trabajo, no sólo pasará inconsciente la tercera parte de su vida, sino que además pasará otra tercera parte más haciendo, conscientemente, algo que no quiere hacer. ¿Qué le queda a este sujeto? Una tercera parte  de su vida para el ocio.
¿Qué hace la gente en esa última tercera parte de su tiempo? Si vive en una gran ciudad, está en problemas. Nadie lo salva de una hora diaria en transportes propios o ajenos. Después hay que sumar a esa hora lo que uno tarde en hacer cosas triviales como peinarse, ponerse los zapatos, exprimir una naranja, cargar el celular, estacionar el auto, esperar el metro, hacer colas para todo y un sin fin de actividades irrelevantes desde la perspectiva cósmica. ¿Qué nos queda al final del recuento? Con suerte, unas cuatro horas para buscar, ahora sí, una vida verdaderamente feliz… si ese día hay telenovelas o unpartido de fútbol en la televisión, ya se terminó el tiempo.
Parece que todo está perdido, pero no es así. Para revertir un poco el carácter de “frustración” en una vida en la que no se sabe muy bien en qué se va el tiempo, podemos empezar por disfrutar las cosas que hacemos. Si bien todos tenemos una tarea específica en la vida, no podemos perder de vista que todo trabajo al final del día está al servicio de las personas. Si uno pega sobres con la lengua, no se trabaja para los sobres, sino para quienes van dirigidas las cartas. Encontrar el sentido de nuestro trabajo en el contexto de la sociedad y de nuestra propia vida es tarea de todos los días y si lo logramos, habremos recuperado una tercera parte de nuestra existencia. Es difícil hacer lo que se ama, pero más difícil amar lo que se hace. Es, muchas veces, una cuestión de madurez.
Si, además, fuéramos capaces de reconquistar nuestro tiempo de ocio y compartirlo con otras personas y no sólo con objetos (computadoras, ipods, caminadoras, televisiones de plasma, etc.), estaremos más cerca de recuperar la otra tercera parte que se nos perdió en el camino. Cuando nos apropiemos verdaderamente del tiempo de ocio, nuestro tiempo será realmente libre, pues seremos nosotros quienes decidiremos en qué lo ocupamos, en vez de dejarnos llevar simplemente por la corriente de lo cotidiano. Sin duda, admirarnos de los detalles y  mirar lo ordinario a través del cristal de lo humano, le devuelve la esperanza a cualquier vida que se permita esa libertad…