TV En Vivo
Miércoles de 10:00 a 15:00 hrs.

Siguenos en
 
 
Portal Informativo de Fundación para la Promoción del Altruismo IAP


 

Íntimos y extraños, la comunicación como dinámica PDF Imprimir
Felipe de J. Monroy
Escrito por Administrator   
Viernes, 15 de Mayo de 2015 10:39

Íntimos y extraños, la comunicación como dinámica

Felipe de J. Monroy / Director Vida Nueva México

@monroyfelipe
 
Imaginen lo que le sucedió a Marcel Appenzell, etnólogo de inicios del siglo XX que decidió internarse en las selvas de Sumatra para estudiar a los Andalams kubus, una tribu que usaba anillos y puntas de lanza de metal pero que había olvidado cómo trabajar la fundición y cuyo pueblo perdía una parte de su lenguaje cada vez que moría un miembro de la familia.

Appenzell localizó a estos nativos y decidió entrar en comunicación con ellos: les ofreció regalos (té y café) que los kubus no tomaban, intentó saludarles y mostrarles su respeto del modo en que lo hacían entre ellos (rozando sus dedos y llevar la palma de su mano al corazón), incluso tendió su ayuda cuando era necesario, pero nada de eso logró derribar el silencio y la barrera de su desconfianza. Sin ser un pueblo nómada, los kubus abandonaban sus asentamientos dejando atrás su hogar y al etnólogo para internarse en parajes cada vez más adversos en la selva.

Tras 71 meses y muchos encuentros infructuosos de Marcel con la tribu, el etnólogo escribió su último apunte: “Al término de una búsqueda exaltante, allí estaban mis salvajes; solo anhelaba ser uno de ellos, compartir sus días, sus penas, sus ritos. Pero, ¡ay!, no me querían ellos a mí, no estaban en modo alguno dispuestos a enseñarme sus costumbres y creencias… por mi culpa abandonaban sus poblados; solo para desengañarme, para convencerme de que era inútil que me empeñara, escogían tierras cada vez más hostiles, se imponían condiciones de vida cada vez más terribles, queriéndome demostrar que preferían enfrentarse con los tigres y los volcanes, los pantanos, las brumas irrespirables, los elefantes, las arañas mortíferas antes que con los hombres. Creo conocer bastante el dolor físico. Pero lo peor de todo es sentir que se muere el alma…”

Me vino a la memoria esta historia profunda y desgarradora (extraordinariamente narrada por el escritor Georges Perec) al leer el mensaje del papa Francisco para la 49° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este 2015 porque a lo largo de los párrafos del pontífice encontramos elementos dialécticos que vale la pena reflexionar hacia adentro y hacia afuera tanto del hombre y su sociedad como del católico y su Iglesia: ¿Qué es lo auténtico y qué es lo humano? ¿Qué relación hay entre el diálogo y el cuerpo? ¿Qué sutiles conexiones hay entre el seno familiar y el ambiente social? ¿Cómo se asimila la proximidad al mismo tiempo que se aprende el lenguaje?

Hay que ponerse en los zapatos de Appenzell para reconocer el dolor que provoca la falta de comunicación; pero también, hay que imaginarse miembro de una comunidad que se resiste a la novedad y al riesgo. Ambos personajes (individuo-tribu) experimentan un malestar que trasciende a lo corporal, un dolor que mata el alma; no solo el etnólogo sufre internamente, es evidente que el espíritu de la tribu agoniza sin sentido. ¿Quién es ese Appenzell dolorosamente aislado e incomunicado de nuestro entorno contemporáneo? ¿Quiénes son esa tribu dispuesta a diluirse antes de entrar en contacto con ‘el otro humano’?

Íntimos y extraños

Francisco utiliza una figura retórica llena de belleza para describir a la madre embarazada y al bebé que cuida en su vientre: “El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos acomuna a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre”.

Si esa relación de escucha, contacto y encuentro es la ‘primera escuela’ de comunicación, ¿qué elementos de ella sirven para enfrentar los desafíos más complejos de la comunicación humana o de las relaciones entre organizaciones? Me atrevo a reflexionar sobre algunas ideas:

  • Auténtico y humano. El millonario empresario de la industria del espectáculo, Peter Guber, suele decir que “La verdad es tan solo un punto de vista; pero la autenticidad no puede ser imitada”. Por supuesto, su mirada viene del showbussines donde la verdad humana no es auténtica sino hasta que se vuelve extravagante. Hombres y mujeres del espectáculo son solo extraordinarios mientras no se desdibujen en seres humanos comunes y corrientes; o mientras su autenticidad no pueda ser imitada o superada por la espectacularidad de alguien más. La verdad de la persona, insólita por el mismo hecho de ser persona, solo puede entenderse en el espacio que Francisco reivindica: la relación de la madre con su bebé. Pues, si no se descubre allí la autenticidad y dignidad más alta de cada ser humano, ¿podríamos encontrarla fuera de ella?
  • Diálogo y cuerpo. El cuerpo comunica, su discurso es el de los gestos. Francisco no solo comprende bien esto, también lo pone en práctica. El abrazo al enfermo, la sonrisa al extraño, la mano tendida al amigo. Pero el cuerpo no comunica por sí solo; si no hay diálogo, si no hay dos vías de reciprocidad y afectación, si no hay sentido de vulnerabilidad y entrega, el contacto es infecundo, absurdo como un hombre consolando a una roca. En la historia, Appenzell toca las yemas de los dedos de los kubus y tiende su mano para ofrecer auxilio pero no encuentra sino barreras. ¿Quiénes somos al querer comunicar: un empeñoso peregrino que extiende su mano para tocar y dialogar con el desconocido; o un terco sujeto, afianzado en sus seguridades, que rechaza el contacto ofrecido por el extraño para comunicarnos el mundo?
  • Familia y sociedad. No lo he contado, pero Marcel Appenzell fue rescatado del salvaje Sumatra y llevado nuevamente a la ‘alta civilización europea’; allí se reencuentra con su familia, amigos y colegas. La expedición del joven es todo un acontecimiento y le ofrecen dictar conferencias y escribir artículos sobre el viaje. Appenzell, sin embargo, decide volver a buscar a los salvajes y a intentar vivir con ellos aunque muera en el esfuerzo. ¿Fue más atractivo para Marcel volver a una tribu que le comunicaba su rechazo constantemente que quedarse en su hogar con los suyos? ¿Se habrá vuelto loco? La inquietud es: ¿Qué le comunicaban sus amigos y familiares como para no sentirse abrazado por ellos? ¿Habían recibido a Marcel, el hijo, amigo y hermano; o la sociedad europea recuperó al famoso etnólogo que pasó 71 meses con los salvajes kubus? Si en la familia no se vive una comunicación acogedora, ¿cómo podría vivirse en la sociedad?
  • Proximidad y lenguaje. “Solo hay mundo donde hay lenguaje” apuntó Martin Heidegger y, de cierto modo, el lenguaje solo se aprende en la proximidad. Por tanto, para que el mundo exista es precisa la constante de proximidad. En el filme The book of Eli un hombre peregrina en un mundo post-apocalíptico sin nada más que un libro bajo el brazo. Eli, el hombre, siente la misión de portar el libro en medio del solitario y agresivo desierto nuclear mientras se enfrenta a diferentes obstáculos: el primero de todos, su propia limitación visual. Su ceguera y el vacío del entorno lo mantiene aislado de todo ser humano pero íntimo con su misión. Sin comprender del todo, Eli puede llevar a cabo su empresa solo hasta que aprende el lenguaje de la confianza y la compañía. ¿Cómo comunicar un valioso tesoro si no nos dejamos vulnerar por el lenguaje del entorno? ¿Cómo dialogar con esperanza si, como Eli, deambulamos ciegos en un desierto cerrándonos a la posibilidad de ese encuentro lleno de promesas?
Los humanos, cada una de las personas, somos íntimos entre nosotros, vivimos gozos y alegrías, tristezas y angustias, compartimos ambientes donde el diálogo y el contacto es posible, participamos de la misma condición humana; y, sin embargo, aún somos extraños que esperan ofrecer o recibir gestos auténticos, próximos y familiares para conocernos. He aquí la compleja responsabilidad de los comunicadores, porque mediante su oficio, profesionalidad y entrega, se pueden ensayar las ‘dinámicas de la comunicación’. Dinámicas que, como la ciencia que las estudia, nos deben hacer repensar sobre los valores del trabajo y energía que se le suministra, de las fuerzas y potencialidades que se tienen para renovar; y de las inercias, que sin ser positivas o negativas, hay que reconocerlas para no frenar a las que van ya en marcha a favor de la humanidad o para no dinamizar más a las que ya andan devastando el espacio donde la familia y la sociedad intentan convivir.
 
periÓdico

multimedia

TelaS de Amor


Fotografía Jorge Rosano

Libros Raul Espinoza

Escultura Gogy Farías

Escultura Tiburcio Ortíz


Teatro Alejandro Faugier


Milly Cohen
   
InicioServiciosContenidoFundaciónEditorialesPromociónSitios de interésComentarios y sugerencias
Portal de información de
Fundación para la Promoción del Altruismo I.A.P

Teléfonos (52 55)  5250 1851
 
www.anunciacion.com.mx
Todos los Derechos Reservados México DF 2012-2016